Enfoque
Cómo está pensada Ludia
Ludia no es un generador de trivias con colores. Cada decisión de esta lista se tomó pensando en lo que ocurre de verdad en un salón, y todas se pueden comprobar usando la plataforma.
Se evalúa para enseñar, no para calificar
Al terminar una actividad, el informe no se queda en la nota. Muestra qué pregunta falló más gente y en qué porcentaje, que es la información que de verdad cambia la clase siguiente: ahí es donde hay que volver a explicar. Es evaluación formativa: sirve mientras se aprende, no después.
Por eso también el informe esconde la tarjeta de «la más difícil» cuando mentiría: si solo hubo una pregunta calificable, o si todo el mundo acertó todo, señalar una «más difícil» sería inventar un problema.
El participante no crea cuenta
Entra con un código de seis dígitos, escribe su nombre y juega. Sin correo, sin contraseña, sin esperar un enlace de confirmación. Esto resuelve dos cosas a la vez: los primeros diez minutos de clase no se van en registrar gente, y no se acumulan datos personales de menores que después haya que custodiar.
No hay ranking entre estudiantes
En una partida en vivo sí hay marcador y podio: ahí la competencia es el juego, dura veinte minutos y todo el mundo sabe que es un juego. Pero en el seguimiento del curso, los números de cada estudiante son suyos y solo se comparan consigo mismo. No hay tabla de mejores ni de peores.
Es una decisión, no un descuido: una lista ordenada de estudiantes por rendimiento deja siempre a alguien al final, y ese alguien suele ser el que más necesita que le acompañen. La herramienta está para acompañar, no para vigilar.
«No entró» y «lo hizo mal» no se ven igual
Cuando un estudiante no ha participado, su casilla aparece vacía, no en cero. Un cero diría «lo hizo todo mal», que es una cosa muy distinta de «no entró» y lleva a la conversación equivocada con esa familia.
Nunca un color sin su número
Todas las barras y semáforos de los informes llevan la cifra escrita al lado —«50 % · 1 de 2»—, porque un color solo no se lee impreso en blanco y negro ni lo distingue quien tiene daltonismo. Y un profesor acaba imprimiendo el informe: las hojas de estilo incluyen una versión pensada para eso.
Lo que se aporta no se califica
Un mural colaborativo, una encuesta o una pregunta abierta no entran en el porcentaje de aciertos: se listan aparte, con su autor. No tienen respuesta correcta, y mezclarlos falsearía el dato de toda la clase.
El contenido es tuyo y se puede editar siempre
Cada vez que juegas o envías un paquete, esa partida guarda su propia copia del contenido. Por eso puedes corregir una pregunta mal escrita cuando quieras sin estropear ni un informe ya emitido: el histórico no se entera del cambio.
23 formatos, porque no todo se evalúa igual
Un quiz sirve para comprobar datos; una sopa de letras, para fijar vocabulario; una línea de tiempo, para ordenar procesos; un mural, para recoger lo que piensa el grupo antes de empezar. Tener 23 formatos no es una cifra de catálogo: es poder elegir la forma que corresponde a lo que se está enseñando.
Pensada para Latinoamérica
Los precios están en pesos colombianos y se fijaron pensando en lo que gana un docente de la región, no convertidos desde dólares. Todo funciona en un navegador corriente y en el celular que ya tiene cada estudiante, sin instalar nada.